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Defender a la familia puede parecer obvio a toda persona que ha recibido y/o está recibiendo los tan importantes beneficios a cada persona que ésta otorga. Tal vez no sea tan obvio defenderla cuando se ha sufrido y/o se sufre en la relación con ella. Pero suele ser tan profundo y persistente el dolor que puede producir una mala relación con la familia, lo cual puede estar detrás del rechazo, la indiferencia, y hasta el odio que la persona puede sentir, que no quedan dudas que sólo la gran importancia que tiene para cada uno, podría explicar esos sentimientos negativos tan intensos.

En resumen, parece que sea como sea nuestra familia, no podemos eliminarla de nuestra vida, y si lo intentamos, el precio que hay que pagar es muy superior en calidad de vida, a cualquier otro intento de organizarnos con ella de la mejor forma posible para proteger la satisfacción de nuestras auténticas necesidades de vida y de las necesidades de cada uno de los miembros que la componen, sean niños, adultos o ancianos.

Si revisamos lo que se ha escrito acerca de su importancia, podemos comprender mucho más el daño que nos produce perder sus beneficios, entender el conflicto interno que nos produce, aprender algo de esta mala experiencia, y motivarnos a buscar soluciones para reorganizarnos con ella.
Entre los muchos escritos que podemos encontrar hay uno que nos permite revisar lo que se considera central en ella, y que ha sido publicado por psicólogos chilenos interesados en el tema, en el año 1991. Ellos son P. Egenau, M. Hermosilla, y A. E.Morgado *.
Estos autores también como se dijo antes, estiman que la vida en familia es central para los seres humanos, y para saber vivir en toda otra comunidad. Es una organización especial de personas, con un cierto orden. Aquí las personas siempre están relacionadas las unas con las otras por fuertes afectos (emociones) o lealtades mutuas y comprometidas en un hogar permanente que dura muchos años.
En esta pequeña y especial comunidad, los seres humanos pueden crecer, desarrollar, y mantener sus capacidades básicas para tener una vida sana y optimista. Otorga el cuidado y educación para los que nacen, el sentirse valiosos a los que cuidan y educan, y sentirse importantes a los que ya han cuidado y educado.
El pertenecer a la familia esperamos que sea algo estable, permanente, y que sólo concluya con la muerte natural. Todos queremos hacer familia para que dure, aunque también sabemos que está siempre en cambio, incluso por el simple paso del tiempo, pero queremos pertenecer a ella todo lo necesario como para se cumplan los ciclos por los que sabemos que pasa: Iniciarla mediante un compromiso de vida en común, tener hijos, educarlos, etc.
Esperamos que los lazos principales entre los miembros de la familia sea el afecto, las ganas de estar juntos, preocuparse unos de otros para que estén de lo mejor.

Cuando algo de lo anterior, o a veces mucho de lo anterior, falla, es conveniente tener en cuenta igualmente, a pesar de todo, la importancia que tiene para nuestro bienestar y el bienestar de los demás, y buscar ayuda si la necesitamos, para defenderla acudiendo a las mejores soluciones posibles para mantener lo que se pueda mantener y para cambiar lo que hay que cambiar por nuevas soluciones saludables.

Referencia
*P, Egenau, M. Hermosilla, A.E.Morgado (1991). El Proceso de Ser Padres Adoptivos.
Sociedad Chilena de Psicología Clínica. Chile