Mar 27, 2020 | Psicóloga Iris Zuñiga
1.- Toma unos segundos para concentrarte en ti, respira con tranquilidad y libremente y haz una lista de las peores molestias que trae esta situación, y acéptalas una por una tomando mucho aire con libertad y botándolo gradualmente.
Repite: respirando con especial dedicación, permitiéndote tomar todo el aire que necesites para luego dejarlo ir soltando tu cuerpo, prueba a sentir corporalmente cada malestar que te produce este encierro o esta difícil situación de salud comunitaria. Verás que surge en ti una posibilidad mejor de tolerar lo malo y sostenerse.
2.- Intenta ahora hacer una lista de lo que puedes aprender y desarrollar como persona al permitirte aceptar el encierro y las limitaciones que te trae. Observa el bienestar inmediato que sientes en el cuerpo al encontrar por ti mismo los beneficios que a ti te puede traer esta situación de restricción. Casi siempre, casi siempre, hay un bien que viene por un mal que ocurre.
3.- Tómate otro tiempo de concentración ahora percibiendo los atenuantes para este malestar: por ejemplo: “es sólo durante un tiempo”; “estamos todos juntos en este esfuerzo”. Puedes dedicarte a poner al día cosas pendientes por estar ocupado en la rutina; es una oportunidad de usar la creatividad y resiliencia que ya tenemos; podemos comunicarnos a distancia y apoyarnos mejor que nunca con los seres queridos, etc.
4.- Incluye en tu programación de todas maneras:
a.- Comunicarte con cariño con los demás cada cierto tiempo, aunque deba ser a distancia. Darles apoyo, escucharles y compartir tus ideas, sentimientos y esperanzas, siempre con el propósito de ayudarse mutuamente, que salgan todos bien de estos encuentros.
b.- Hacer ejercicio físico, aunque sea trotar en el mismo puesto, hacer flexiones con la ventana
abierta, especialmente ejercicios que mantengan limpias las vías respiratorias.
c.- Informarte suficientemente, no todo el día, de los acuerdos y medidas que se comuniquen
oficialmente, pidiendo apoyo si tienes dificultades para cumplirlas.
5.- Cada vez que te asalte el malestar por esta situación respira profundo, relájate y recuerda los beneficios que has visto que tiene para ti, a pesar de lo malo.
6.- Y como dicen en todas las recomendaciones: hazte un programa de trabajo y descanso diario, al igual que las rutinas que tienes cuando puedes circular libremente.
Varios dicen que estamos viviendo un cambio de etapa en la historia de la humanidad, que la vida nos ofrece seguir si tomamos conciencia que existimos en comunidad con todo lo que nos rodea y que nuestras decisiones no me afectan sólo a mí, sino a todo el ambiente humano o no humano donde existo. Podemos experimentar un salto de evolución que nos permita seguir: cuidémonos para todos los demás porque de eso depende que tengamos un acogedor ambiente donde podamos seguir nuestra propia vida.
Con cariño, Iris Zúñiga, Psicóloga.
Viña del Mar, 23 marzo 2020.
Nov 7, 2019 | Psicóloga Iris Zuñiga
Este es un tiempo en que se expresa la soledad, tristeza, impotencia, cansancio, y hasta la ira destructiva y el desprecio por la vida de algunos, que muchos han ido acumulando por mucho tiempo sin encontrar soluciones. En la crisis misma nos desorientamos y podemos hasta desesperarnos, especialmente si perdemos apoyo material, que tanto ha costado, y mucho más si perdemos la salud y hasta la vida de un ser querido. Es un tiempo que puede ser de mucho dolor y desamparo, donde el apoyo de los demás que están, aunque sea sólo su presencia acogedora, es lo más importante.
Ahora se tratar juntos y permitirnos hablar de los dolores y de la incertidumbre de no saber qué va a pasar luego, respirar profundo unidos y escucharnos. Tener la seguridad de que sí estamos acompañados y entendiéndonos, eso es lo primero.
Este dolor puede empezar a calmarse, a pesar de su intensidad, si podemos aunque sea vislumbrar de a poco, que también estamos teniendo la oportunidad de recuperar nuestra capacidad de vivir en una sociedad más justa, más equitativa, donde la colaboración de cada uno, día a día, para producir esa justicia y mantenerla a través de organizaciones que funcionen, es fundamental.
Mantenernos atentos a colaborar en todo lo necesario para producir esta mayor participación en una vida más justa para todos, como compartir soluciones con la familia, con los vecinos, con los compañeros de trabajo, con las amistades, apoya las buenas ideas, y sobre todo confiar en que la voluntad positiva de cada uno es clave, y que cada uno necesita el apoyo de los otros a sus buenas intenciones, enriquece la posibilidad de que así sea.
Oct 24, 2019 | Psicóloga Iris Zuñiga
¡No puedo parar de pensar!…me canso y mi cabeza “no para”… Todo lo hago apurada aunque nadie me lo exige!.
Quejas como estas suelen ser signos de ansiedad que parecen funcionar independientes de lo que la persona quiere. Esta pensar no lleva a ninguna solución suficiente, sólo al cansancio, pero tampoco el cansancio lo detiene. Por otra parte, el hacer todo apurada pareciera servir para poder descansar luego con tranquilidad, aunque así la tranquilidad nunca llega porque siempre hay algo pendiente!
Cuando se presentan estos problemas de pensar sin fin o de apurarse sin descanso, puede ser útil sentirse, poner toda la atención en el sentir, en el cuerpo entero, como decimos: “preguntarle al corazón” ¿qué me pasa?, ¿qué siento en mi pecho, en mi estómago, que no paro de pensar, que no hago las cosas tranquila, que no descanso…qué siento en mi cuerpo?
Recuerde que sentir no es lo mismo que pensar. Cuando pienso es como que buscara ideas en la cabeza, pero cuando siento, pongo toda mi atención en cómo está mi cuerpo. Por ejemplo, puedo pensar que estoy bien, pero si busco en mi cuerpo lo que siento, siento en realidad un peso en el estómago, trago saliva con dificultad y puedo darme cuenta que siento preocupación, aunque pensé que estaba bien!
Pare unos instantes entonces, respire profundo y lento un par de veces y ponga su atención en sus sensaciones, eso que se siente en el cuerpo, y note como podría llamar a eso que siente en sus músculos, en sus órganos corporales, es como molestia?, como un “nerviosismo”?, como parecido a miedo? Lo que sea, déjelo ser mientras respira libre y conscientemente. Aproveche de relajar sus hombros sus brazos, de soltar su estómago…y note que así logra el bienestar más inmediato que necesita.
Con su cuerpo más a gusto, oxigenado, podrá evaluar con más claridad y auto confianza su situación presente y encontrar soluciones, si es que realmente hay algo más que necesita. Si nota que realmente no tiene un problema urgente que resolver, podrá aprovechar bien de disfrutar su vida.
Haga esto cada vez que se encuentre nuevamente pensando sin parar, o no parando de hacer cosas, cuando ya quiere parar. Mejor aún si todo este sentirse lo hace mirando a los demás, a los que quiere y le importan. Encontrarse con otros para respirar juntos con tranquilidad, es un regalo infinitamente apreciable.
Ago 22, 2017 | Psicóloga Iris Zuñiga
Decidir consultar a un psicólogo o psicóloga cuando tenemos un problema al que no le hemos podido dar solución de otra forma, ya es una decisión especial de crecimiento. Es aceptar conscientemente que necesitamos a otro para vivir emocionalmente mejor, para sentirnos mejor. Y, ¿cuándo no necesitamos a otro para sentirnos mejor?. La mayoría del tiempo necesitamos a los demás para estar bien, a esos que queremos, llevándonos bien con ellos. Tal vez sentimos que no los necesitamos, cuando no logramos entendernos con esos otros con los que vivimos, o cuando sufrimos por lo que les pasa a ellos sin saber cómo hacerlos más felices, o cuando estámos tan llenitos de nosotros mismos, tan felices que queremos estar solos para disfrutarlo totalmente…o cuando estámos tan cansados y heridos que no queremos saber de nadie para descansar…sí a veces queremos estar solos.
Pero para estar solos y de verdad felices, necesitamos estar en paz con todos los demás. Los psicólogos hoy saben todos muy bien que nuestro bienestar es sólo posible si estámos en una relación positiva con todos los demás, que sólo podemos seguir creciendo como personas si lo hacemos «junto» con los demás. Y que cuando todos crecemos y no sólo uno mismo, somos mucho mas felices e inteligentes!.
Y cuando no podemos crecer y ser felices porque algo negativo nos nos deja crecer, lo más probable es que tengo un problema con otro o con los otros. Puede ser que no se entienda con álguien, que no le prestan suficiente atención, que no quiere estar con ellos y está triste, enrabiado o enrabiada, desanimado. Y ni Ud. ni ellos han podido solucionarlo. Entonces un psicólogo o psicóloga puede ser un otro, preparado especialmente para escucharlo, para aceptarlo con su problema, para conversar sin enojarse o retarlo, para comprenderlo con respeto, y ayudarle a ver su problema «con» solución.
Entonces será un encuentro especial para que pueda aprender algo más de Ud. mismo y de los demás a propósito del problema. Aprenderá más de como es vivir en situaciones complicadas…y el psicólogo o psicóloga aprenderá también de la experiencia de vida que Ud. le ha querido compartir.
Ago 16, 2017 | Psicóloga Iris Zuñiga
Pedir ayuda a profesionales de la salud mental, como los psicólogos, para disminuir sufrimientos emocionales, me parece que es una decisión cada vez más común. Aunque todavía hay personas que de manera muy firme se niegan a hacerlo, asegurando que son capaces de «solucionar los problemas por sí mismos».
El resolver los problemas «por nosotros mismos» sin duda creo que es la mejor receta para evolucionar al máximo como seres humanos, lo que sabemos poco aún es que la mejor ayuda para seguir «resolviendo los problemas por nosotros mismos» en una era en que la complejidad de la vida ya no admite la posibilidad de vivir bien sin una buena relación de colaboración mutua con los demás, es pedir la ayuda adecuada para perfeccionarnos en este arte tan extraordinario: vivir la existencia por sí mismos.
La persona que resuelve sus problemas, y vive apoyada en sus propios recursos personales para todo, también para encargarse de pasarla bien y disfrutar, necesita estar en continuo auto perfeccionamiento, en continuo descubrimiento de sus capacidades, especialmente ante las dificultades, tomándolas más que como situaciones indeseables, como oportunidades de aprendizaje ante la vida, para utilizar su capacidad de crear algo nuevo como solución.
Buscar una relación interpersonal como es la psicoterapia, donde esta persona en dificultades pueda practicar nuevas soluciones para seguir siendo autónomo, le permitirá también darse cuenta más claramente de que pedir este tipo de ayuda no sólo no lo hace dependiente, sino que ante ciertos problemas, lo ayuda a no caer en una no deseable dependencia con los que le rodean, y más aún a ser un mejor aporte a la autonomía de los demás.
Ago 6, 2017 | Psicóloga Iris Zuñiga
Defender a la familia puede parecer obvio a toda persona que ha recibido y/o está recibiendo los tan importantes beneficios a cada persona que ésta otorga. Tal vez no sea tan obvio defenderla cuando se ha sufrido y/o se sufre en la relación con ella. Pero suele ser tan profundo y persistente el dolor que puede producir una mala relación con la familia, lo cual puede estar detrás del rechazo, la indiferencia, y hasta el odio que la persona puede sentir, que no quedan dudas que sólo la gran importancia que tiene para cada uno, podría explicar esos sentimientos negativos tan intensos.
En resumen, parece que sea como sea nuestra familia, no podemos eliminarla de nuestra vida, y si lo intentamos, el precio que hay que pagar es muy superior en calidad de vida, a cualquier otro intento de organizarnos con ella de la mejor forma posible para proteger la satisfacción de nuestras auténticas necesidades de vida y de las necesidades de cada uno de los miembros que la componen, sean niños, adultos o ancianos.
Si revisamos lo que se ha escrito acerca de su importancia, podemos comprender mucho más el daño que nos produce perder sus beneficios, entender el conflicto interno que nos produce, aprender algo de esta mala experiencia, y motivarnos a buscar soluciones para reorganizarnos con ella.
Entre los muchos escritos que podemos encontrar hay uno que nos permite revisar lo que se considera central en ella, y que ha sido publicado por psicólogos chilenos interesados en el tema, en el año 1991. Ellos son P. Egenau, M. Hermosilla, y A. E.Morgado *.
Estos autores también como se dijo antes, estiman que la vida en familia es central para los seres humanos, y para saber vivir en toda otra comunidad. Es una organización especial de personas, con un cierto orden. Aquí las personas siempre están relacionadas las unas con las otras por fuertes afectos (emociones) o lealtades mutuas y comprometidas en un hogar permanente que dura muchos años.
En esta pequeña y especial comunidad, los seres humanos pueden crecer, desarrollar, y mantener sus capacidades básicas para tener una vida sana y optimista. Otorga el cuidado y educación para los que nacen, el sentirse valiosos a los que cuidan y educan, y sentirse importantes a los que ya han cuidado y educado.
El pertenecer a la familia esperamos que sea algo estable, permanente, y que sólo concluya con la muerte natural. Todos queremos hacer familia para que dure, aunque también sabemos que está siempre en cambio, incluso por el simple paso del tiempo, pero queremos pertenecer a ella todo lo necesario como para se cumplan los ciclos por los que sabemos que pasa: Iniciarla mediante un compromiso de vida en común, tener hijos, educarlos, etc.
Esperamos que los lazos principales entre los miembros de la familia sea el afecto, las ganas de estar juntos, preocuparse unos de otros para que estén de lo mejor.
Cuando algo de lo anterior, o a veces mucho de lo anterior, falla, es conveniente tener en cuenta igualmente, a pesar de todo, la importancia que tiene para nuestro bienestar y el bienestar de los demás, y buscar ayuda si la necesitamos, para defenderla acudiendo a las mejores soluciones posibles para mantener lo que se pueda mantener y para cambiar lo que hay que cambiar por nuevas soluciones saludables.
Referencia
*P, Egenau, M. Hermosilla, A.E.Morgado (1991). El Proceso de Ser Padres Adoptivos.
Sociedad Chilena de Psicología Clínica. Chile