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Cuando mi pareja me dice con un gesto de desagrado: “No sé qué hacer, todo es aburrido!”. Y yo le digo tratando de ayudar: “ve una película, pues”, y la persona responde: “ya la vi”… y hasta ahí llega la conversación. Pareciera que no hay más que decir, y ambos nos sentimos incómodos.

Una mujer comenta sonriente: “No hallo las horas que termine esta cuarentena para irme de cabeza al mall”, y su hermana le contesta con cara de molestia: “y eso es lo que más te preocupa…?”. La mujer se siente muy incómoda, y dice bruscamente: “bueno, y qué tanto!”, y baja la cabeza y deja de hablar. Se hace un silencio pesado.

En ambos casos, la persona que habló primero no quiso seguir hablando de sí misma. La respuesta que recibió le hizo sentir que hablar de lo que le sucede es peligroso porque no se sintió entendida. Ambas personas no se sintieron aceptadas, por la poco amistosa respuesta que recibieron de quien querían ser escuchadas.

Aceptar lo que el otro siente tal como lo siente, es una clave fundamental para alimentar una relación agradable para ambos. Si a la persona que nos dice que todo es aburrido le decimos comprensivamente: “Estas muy aburrido de verdad…” y le dedicamos un momento, tal vez tenga ganas de contarnos más: “siii, ya no sé qué hacer, no se me ocurre nada más…qué estás haciendo tu para no aburrirte…? Y así se inicie una conversación donde podemos compartir, entretenernos y ya esa persona no estará aburrida conmigo, y yo estaré contento.

Si la hermana le contesta a la mujer: “Te gusta harto ir al mall”, tal vez la mujer sienta ganas de explicar más y decir que el encierro le desespera, que le gusta ver gente, cosas bonitas…y su hermana pueda saber más de los gustos e intereses que tiene, y también contarle de los suyos. Tendrán así una agradable conversación.

Maneras prácticas de facilitar el conversar

1.- Dejarse unos segundos para mirar a la persona con atención y sentir en el propio cuerpo la sensación que me llega desde ella. No responder de inmediato, sentir lo que ella está sintiendo observando su expresión corporal, sus gestos, su modo de hablar, no sólo las palabras que dice, sino “cómo” las dice. Y ponerle un nombre a esa sensación que me parece que ella tiene: pena, rabia, gusto, alegría, orgullo de sí misma, ganas de tener lo que tiene otro, molestia…

2.- Si no me queda claro lo que esta persona siente, intentarlo de todas maneras y decirle lo que uno cree que siente, para que ella misma nos diga si es así: “parece que eso te molesta”, “será que te enoja que te manden?”, “parece que no te gusta que te pregunte”, “como que no me entiendes y te enojas”…

3.- Invitar a decir más. Es decir, invito a la persona a que me diga más de lo que siente o me ha dicho: “ y qué más,? “, “Y cómo es eso?”, “ Cuéntame más”, “Parece que te gustó?”, “Como que eso te da mucha rabia”, “ O sea, eso te gusta!”.

Para que esta invitación sea real, yo no digo lo que a “mí” me pasa inmediatamente, sino que me centro en captar sintiendo lo que “ella” me trata de comunicar con su modo de hablar, y después, le digo lo que yo siento que le pasa a “ella”, no a mí por mi lado. Lo que a mí me pasa por mi lado se lo diré después, dependiendo de lo que ella me cuente primero.

Tampoco le doy consejos o indicaciones, ni menos críticas, o incluso tampoco alabanzas para tratar de disminuir lo que siente. Sólo trato de ver lo que siente y se lo digo.

Ejemplo:
La mamá dice con los ojos muy abiertos y voz cortante: “ No sé cómo la gente no hace caso de no salir, anda repartiendo bichos por todas partes!”.
La hija le dice mirándola y con voz tranquila: “Estas asustada mami. Quieres que nos cuidemos
más”
Mamá acentuando más la voz y endureciendo la cara: “y cómo no voy a estar preocupada, Uds. los jóvenes no tienen problema, nosotros los mayores estamos en peligro!”
La hija, la sigue mirando, toma aire, y decide seguirla invitando a hablar: “no te sientes para nada
segura con esto mami, dime cómo puedo ayudarte a que estés mejor…, yo quiero que te sientas más segura”.

Algunas condiciones personales importantes para invitar a hablar

A.- Tener ganas de escuchar, a veces uno no está en condiciones de escuchar o hablar. En este caso es mucho mejor decir claramente y con cariño que uno no quiere o no puede y disculparse con esa persona.

B.- Respetar lo que la otra persona siente aunque sea muy diferente u opuesto a lo que a mí me
gustaría que sintiera. Esto es más difícil de respetar cuando uno siente que la otra persona es, o
debiera, ser igual a uno porque se crió conmigo, porque nos conocemos de tanto tiempo, etc. Cualquiera sea la relación, cada uno puede sentir diferente al otro en determinados momentos,
por lo tanto muchas veces no sentimos igual, pero necesitamos ser aceptados y queridos a pesar de eso.

C.- Confiar en que lo que el otro siente está bien, aunque sea difícil, aunque sea muy negativo. Lo que sentimos habla exactamente de lo que nos pasa, y cuando somos aceptados por la otra
persona ya es más llevadero y podemos salir adelante.

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